jueves, 5 de julio de 2012

Ice Age 4: Viviendo de las rentas



Hace 10 años, Blu Sky, la filial de animación de la Fox sorprendió a todo el mundo con Ice Age (La Edad de Hielo), demostrando que no solo de Dreamworks y Pixar vivía el mundo de la animación. A un éxito absoluto en la taquilla se unió una respuesta crítica más que notable gracias a que lograron un filme tan divertido para los niños como para sus padres.

Una vez visto el éxito la película pasó a convertirse en saga. Sus dos siguientes entregas fueron de nuevo un triunfo absoluto entre el público, sin embargo la crítica empezó a notar sintomas de cansancio en la historia de Manny, Sid y compañía. Síntomas que en esta cuarta entregan son ya más que evidentes y que requieren una solución rápida por parte de la productora, esto es o darle una conclusión brillante a la saga o despedirse con esta cuarta entrega antes de hacer algo peor.

En esta Edad de Hielo 4 se vive de las rentas pasadas, se repiten los chistes que ya habían hecho gracia (hasta los gags de Scrat suenan a visto) y se ve la película con una sensación de deja vu en situaciones y escenas de acción preocupante. Por otro lado entrega tras entrega han ido acumulando tantos personajes que ya se cuentan casi por decenas, y por supuesto dar espacio a todos ellos es casi imposible. Así personajes como las zariguellas pasean por allí y hacen el tonto un poco y las historias de todos ellos son meras excusas para que todo el mundo tenga un par de gags finales.

Además la historia queda dividida desde el comienzo en dos tramas, una que es parodia-copia-homenaje a las películas de piratas y otra que es drama familiar de lo más casposo ñoño y mal escrito que se recuerda. Con sus grandes frases de manual de autoayuda tipo: no te avergüences de ser quien eres, nunca se abandona a un amigo y toda serie de tópicos que hacen que por comparación la otra parte de la historia sea la mejor, y eso que tampoco es que raye a una gran altura.

No queda nada en el recuerdo al salir de la sala, tres chistes por encima de la media no compensan que la saga siga agotándose y que empecemos a coger cierta manía a unso personajes que hace una década nos enseñaron que en el mundo de la animación, otras producciones eran posibles.


miércoles, 20 de junio de 2012

Moonrise Kingdom: el amor desde los ojos de un niño


Siempre se ha dicho que nadie olvida el primer amor. Quizás nunca vuelvas a ver a la persona que tanto quisiste, sin embargo el recuerdo de esas primeras emociones y sensaciones adquiere en tu imaginación una dimensión inmensa. Así es Moonrise Kingdom, la última película de Wes Anderson (uno de los más singulares directores del cine americano actual): una revisión del primer amor en la que convierte nuestra mirada en la de un excéntrico niño que lo vive por primera vez.

Para ayudar a ponernos en los ojos de Sam, el joven protagonista del filme, Anderson se ayuda de una estética cuidadísima, colorida, exagerada, casi sacada de un cuento infantil, que encaja perfectamente con su decisión. Eso sí, no hay que confundir, Moonrise Kingdom no es una película infantil. Es la mirada (muy personal) de un autor sobre los recuerdos de nuestra niñez. Por ello entre esa visión idealizada y aventurizada del amor nos encontramos con una banda sonora que sólo un adulto podrá apreciar, diálogos imposibles para que unos niños puedan decir en la vida real y sentimientos muchos más profundos que los que un chaval pueda entender.

 Esa es la fórmula que entrega Wes Anderson, fórmula con la que arriesga y que esta vez ha resultado ganadora: la mezcla de imaginería y aventura infantil con un tratamiento para los adultos. Es curioso ver como el director (y guionista) opta porque todos sus personajes adultos sean tristes, y amargados mientras que los niños sean idealistas y luchadores, una paradoja que define muy bien a la película, no debemos olvidar el niño que llevamos dentro, ni las emociones que sentimos una vez.

Formalmente Anderson sigue siendo un esteta que en cada película depura más su estilo, sus largos travellings, su empleo de la cuidada selección musical... todo está esta vez perfectamente medido en su película más accesible (que no menos personal).

Es una delicia ver un filme en el que se nota que hay una implicación personal del creador, y no sólo en la historia central, sino también en como reimagina los géneros cinematográficos haciéndolos pasar por el filtro de la mirada infantil y de su particular humor: el cine de aventuras, bélico o de amores imposibles tienen aquí su particular e idealizada versión.

Sería una evidencia alabar el papel de actores como Bill Murray, Frances Mcdormand o Edward Norton, pero sí que habría que destacar el papel de todos los chavales de Moonrise Kingdom, especialmente el de los dos protagonistas, que consiguen resultar creíbles a pesar de lo arriesgado de la propuesta.

Es una pena que en el segundo tramo del filme (tras la segunda huída) se acuse una bajada de interés bastante importante, quizás por no poder mantener el perfecto ritmo de su primera mitad más que por propios defectos. Sin embargo el delicioso final y los títulos de crédito a golpe de la sinfonía del maestro Alexander Desplat nos devulven otra vez a convertir en niños disfrutando al ver sus recuerdos plasmados en un cine.

viernes, 30 de marzo de 2012

Intocable: huyendo de la tragedia con humor

18 millones de espectadores, más de 115 millones de euros de recaudación... unos números que asustan, y más si no hablamos de ninguna gran super producción de Hollywood. Pero estos son los datos que Intocable ha conseguido  SOLO en su país de origen. Una salvajada imposible de pensar que ocurra en nuestro país. También ha sido estrenada con mucho éxito en Alemania e Italia por lo que era de esperar que también aquí se convirtiera en un fenómeno de masas como ha ocurrido ya. Pero ante tanta expectación y comentarios positivos ¿es Intocable tan buena como parece?


Suele pasarme que cuanto mejor se habla de una película, si aplazo el momento de verla sus expectativas crecen en mi mente y por tanto luego la decepción al verla es tremenda. Desde septiembre que no pude pillarla en San Sebastián llevo arrastrando esta película de Olivier Nakache y Eric Toledano y escuchando todo tipo de alabanzas sobre ella, lo que sólo hacía que preocuparme sobre si la impresión al verla sería tan positiva como lo fue la de la prensa especializada que la vio en Donostia. Y el momento por fin ha llegado, y por fin, también, la sensación no ha sido de decepción, sino de alegría, ilusión y ganas de vivir. Sentimientos que (de forma más o menos tramposilla) consigue transmitirnos Intocable.

Y hablo de que esta es la sensación final, algo muy difícil cuando su comienzo es sin duda lo peor del filme, un tópicazo de 20 minutos en los que los peores defectos de la cinta se concentran y mezclan dando una sensación que, gracias a dios, se diluirá más tarde. Intocable comienza alterando la estructura lógica del relato sin propósito alguno. El filme decide comenzar con una escena que luego volveremos a ver al final para presentar la historia como un largo flashback. ¿Por qué? yo no lo sé y creo que los directores tampoco.Si han pretendido con esto hacer la estética del filme más actual he de decir que no lo han conseguido y su artimaña solo resulta incoherente e innecesaria. 

Tras este comienzo fallido (aunque sin más importancia) se da cita el segundo gran error del filme, ceder el protagonismo a la parte más debil de la historia, Driss. Así también los directores y guionistas tienen la oportunidad de meter una parte de drama/crítica social, metido con calzador y que dramáticamente solo aporta los momentos más falsos de la película. Además el personaje que interpreta con tanto encanto Omar Sy resulta, cuando se encuentra alejado de su coprotagonista, excesivo, cargante y sobreactuado.

Y diréis que como tras este varapalo que acabo de soltar a la película puedo afirmar que me ha gustado y mucho. Pues porque afortunadamente todos esos errores suponen los primeros 15 o 20 minutos del filme, que sin ser horribles si que son tremendamente tópicos y fallidos (como lo serán después las historias secundarias de la hija y el interés amoroso de Driss), sin embargo una vez la película llega al punto de unir a sus dos personajes consigue que la magia surja y nadie pueda despegar los ojos de la pantalla. Es ahí donde comienza la verdadera película y de donde salen sus mejores e impagables momentos.

Siempre que la película se aleja de estos personajes se resiente y es que es en la especial relación entre Philippe y Driss donde los realizadores y guionistas han logrado lo más difícil, que exista una química brutal entre los actores y personajes y que su relación se base sobretodo en un especial sentido del humor. A partir de ese momento se aleja de dramatismos innecesarios (qué miedo me dio que pudieran recurrir a un flashback para contar la historia de la mujer de Philippe) y se centra en como gracias a la amistad que surge entre ellos, los dos recuperan la alegría que antes habían perdido. Pero lo bonito es que no se recurre a la tragedia o al drama sino a la comedia para conseguirlo, una comedia irónica e incluso con mala leche y algún gag políticamente incorrecto (el hilarante corte de pelo).

A partir de que estas dos fuerzas de la naturaleza (la interpretación de François Cluzet es brutal) han colisionado, la película fluye de una forma natural, con un gran ritmo y entre risas y carcajadas Intocable se cuela en nuestro corazoncito. Un corazón que han sabido ganarse de una forma inteligente y con una cinta que merece el éxito que ha tenido, ya que ha sabido conectar de una forma total con el espectador y ha logrado que todo el mundo salga queriendo ser tan Intocable como los dos entrañables protagonistas.