miércoles, 20 de junio de 2012

Moonrise Kingdom: el amor desde los ojos de un niño


Siempre se ha dicho que nadie olvida el primer amor. Quizás nunca vuelvas a ver a la persona que tanto quisiste, sin embargo el recuerdo de esas primeras emociones y sensaciones adquiere en tu imaginación una dimensión inmensa. Así es Moonrise Kingdom, la última película de Wes Anderson (uno de los más singulares directores del cine americano actual): una revisión del primer amor en la que convierte nuestra mirada en la de un excéntrico niño que lo vive por primera vez.

Para ayudar a ponernos en los ojos de Sam, el joven protagonista del filme, Anderson se ayuda de una estética cuidadísima, colorida, exagerada, casi sacada de un cuento infantil, que encaja perfectamente con su decisión. Eso sí, no hay que confundir, Moonrise Kingdom no es una película infantil. Es la mirada (muy personal) de un autor sobre los recuerdos de nuestra niñez. Por ello entre esa visión idealizada y aventurizada del amor nos encontramos con una banda sonora que sólo un adulto podrá apreciar, diálogos imposibles para que unos niños puedan decir en la vida real y sentimientos muchos más profundos que los que un chaval pueda entender.

 Esa es la fórmula que entrega Wes Anderson, fórmula con la que arriesga y que esta vez ha resultado ganadora: la mezcla de imaginería y aventura infantil con un tratamiento para los adultos. Es curioso ver como el director (y guionista) opta porque todos sus personajes adultos sean tristes, y amargados mientras que los niños sean idealistas y luchadores, una paradoja que define muy bien a la película, no debemos olvidar el niño que llevamos dentro, ni las emociones que sentimos una vez.

Formalmente Anderson sigue siendo un esteta que en cada película depura más su estilo, sus largos travellings, su empleo de la cuidada selección musical... todo está esta vez perfectamente medido en su película más accesible (que no menos personal).

Es una delicia ver un filme en el que se nota que hay una implicación personal del creador, y no sólo en la historia central, sino también en como reimagina los géneros cinematográficos haciéndolos pasar por el filtro de la mirada infantil y de su particular humor: el cine de aventuras, bélico o de amores imposibles tienen aquí su particular e idealizada versión.

Sería una evidencia alabar el papel de actores como Bill Murray, Frances Mcdormand o Edward Norton, pero sí que habría que destacar el papel de todos los chavales de Moonrise Kingdom, especialmente el de los dos protagonistas, que consiguen resultar creíbles a pesar de lo arriesgado de la propuesta.

Es una pena que en el segundo tramo del filme (tras la segunda huída) se acuse una bajada de interés bastante importante, quizás por no poder mantener el perfecto ritmo de su primera mitad más que por propios defectos. Sin embargo el delicioso final y los títulos de crédito a golpe de la sinfonía del maestro Alexander Desplat nos devulven otra vez a convertir en niños disfrutando al ver sus recuerdos plasmados en un cine.

sábado, 24 de septiembre de 2011

San Sebastián, día 8: jornada en blanco y negro


La última jornada con películas a competición en San Sebastián fue claramente en blanco y negro, principalmente porque dos de los filmes que se pudieron ver prescinden del color para contar su historia, y segundo porque las obras visionadas se polarizaron entre el amor y el odio.

En el ladro del negro: Adikos Kosmos, la película griega de Filippos Tsitos que ha batido mi record personal de mayor número de veces mirada la hora en una proyección. Lo que comienza como una historia de humor negro sobre un policía con un peluciar sentido de lo justo y lo injusto se transforma en una película llena de silencios (interminables) y de diálogos delirantes en los que se repiten las mismas frases una y otra vez. La trama a partir del minuto 20 deja de avanzar, y la siguiente hora y media son de mera observación. Un petardo, sinceramente.

Y si de diálogos imposibles hablamos tenemos que nombrar la última película en competición, Las Razones del Corazón, de Arturo Ripstein (poseedor de dos Conchas de Oro), un larguíiiiiiiisimo filme en blanco y negro, que basa toda su puesta en escena en complejos planos secuencia dentro de un mismo edificio. Todo un ejercicio de estilo que apreciaría más si no me contara una historia folletinesca, plagada de reacciones extremas, diálogos relamidos y pretendidamente profundos y tan teatral que convierte a The Deep Blue Sea en algo dinámico. No me creo nada de esta historia que ha gustado mucho y se une a la terna de favoritas a ganar mañana el máximo premio. Y cuidado con su actriz que puede robarle la concha a María León.

En la parte claramente positiva: The Artist (sección Perlas de otros festivales), un delicioso filme en blanco y negro que dará que hablar y al que veo en muchas nominaciones en los próximos oscars. Tiene magia, encanto y es todo un homenaje al séptimo arte. Sin diálogos, sólo con banda sonora e intertítulos (excepto en dos brillantes ocasiones), la cinta se sirve de una historia clásica como excusa para mostrar de forma original (para el cine actual) los comienzos del cine. La crítica se rindió en el pase de prensa y se llevó la ovación más grande que he visto esta edición.

Mañana se dará a conocer el palmarés y nada está claro en esta edición que comenzó con mucha fuerza y sin mbargo a concluído su sección oficial con unas cuantas películas más cuestionables que empañan lo que ha sido un buen año de Zinemaldia.

P.D 1: Leo horrorizado que a Frances Mcdormand le ha encantado Happy End una de las obras que menos ha gustado este año, miedo!!

jueves, 13 de enero de 2011

Frances McDormand confirmada para Madagascar 3.

Frances McDormand (Fargo o Quemar Después De Leer, ambas de su marido Joel Coen), es el último fichaje de la saga de DreamWorks Animation Madagascar, en la que en su tercera entrega que se estrenará en Junio de 2012, McDormand pondra voz a la villana de la cinta.

Por lo que sabemos hasta ahora, el grupo de animales protagonistas compuesto por el león Alex, la girafa Melman, la hipopótamo Gloria y la cebra Marty, volverán a intentar su regreso a Nueva York uniéndose a un circo ambulante.